El picudo rojo (Rhynchophorus ferrugineus) o curculiónido ferruginoso es un insecto que vive a costa de las palmeras. En nuestra zona muestra especial predilección por la palmera canaria y la datilera, aunque también se han constatado casos de infestación de palmeras whasingtonias. Este insecto vive y se alimenta en el interior de las bases de las hojas y en el interior del tronco, por lo que es difícil de detectar incluso mediante inspección visual exhaustiva.
En una palmera el picudo se puede encontrar bajo cuatro formas diferentes: huevo, larva, pupa (capullo) y adulto. Las hembras ponen los huevos escondidos en heridas presentes en el ejemplar y no selladas, o entre las bases de las hojas (en datileras preferentemente en hijuelos), resultando muy difíciles de ver debido a su tamaño, de 1 a 2 mm. De los huevos eclosionan las larvas, de color blanco marfil a ocre sin patas, con forma de pera que pueden alcanzar los 5 cm. de largo y viven en el interior del tronco y en las bases de las palmas. Estas larvas cuando alcanzan su última fase fabrican un capullo de color marrón hecho con las fibras de la palmera, en el interior del cual se transforman en pupas, y, posteriormente, en escarabajos adultos. Los adultos son de color rojo con las alas rayadas en negro, la cabeza acaba en pico, su longitud oscila entre 2 a 5 cm. y se suelen encontrar detrás de las bases de las hojas.
En nuestro clima, el picudo necesita de tres a cuatro meses para completar el ciclo de huevo a adulto, por lo que se pueden esperar al menos tres generaciones anuales. Si se tiene en cuenta que la hembra puede poner entre 300 y 400 huevos, la capacidad reproductiva y por tanto de colonización de este insecto es enorme. Dentro de una palmera se producen varias generaciones de picudo rojo, por lo que en cualquier época del año se pueden encontrar en la misma todas las formas descritas del insecto.
En todos los casos los daños ocasionados por el ataque del picudo rojo conducen a la muerte de la palmera afectada, si no se realiza ningún tipo de tratamiento o control, dada la elevada población que la coloniza. Estos daños son producidos fundamentalmente a las larvas que se alojan en el interior de la palmera y se alimentan de los tejidos más tiernos, mientras que los adultos son los encargados de la multiplicación reproductiva y la colonización de nuevos ejemplares, pues tienen capacidad de mantener vuelos sostenidos de varios Km. (entre 4-5 Km.).
Si el ataque se produce por el ápice de la palmera ésta pierde la flecha de hojas jóvenes, que al tirar se desprenden con facilidad, y la palmera muere rápidamente. Éste último caso se da muy especialmente en la palmera canaria.
Una palmera puede estar infestada por el picudo rojo y no mostrar ningún síntoma que lo manifieste durante varios meses, por ello no se puede asegurar que las palmeras aparentemente sanas en zonas de presencia constatada del insecto no contengan a su vez la plaga. Esta circunstancia provoca que no se pueda tener constancia del grado de afectación que sufre una palmera en sus tejidos en el momento de acometer el tratamiento preventivo o curativo del ejemplar.
Posibles síntomas:
Sin síntomas.
Coloración atabacada de hojas centrales.
Hojas externas caídas.
Hojas centrales con extremo retorcido.
Flecha con ángulo sobre la vertical.
Aspecto decaído de hojas mas tiernas del penacho central.
Trozos de hojas roídos en copa o hijuelos en forma de V.
Presencia de capullos, adultos o larvas del insecto.
Galerías o perforaciones en axilas y cortes de poda.
Aspecto aplomado general de la corona de hojas.
Exudaciones gomosas en tronco. ( sólo Phoenix dactylifera)